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31 de marzo de 2016

600 palabras
por Luis A. Ferre Rangel

Corría el verano de 2012 y los termómetros en el aeropuerto Luis Muñoz Marín comenzaban a contar una historia. Desde entonces no han parado. Además del calor, la gente comenzó a notar otra cosa: que las marejadas se comían nuestras costas.

Los datos están todos ahí. En 2015 se registraron las temperaturas más altas aquí y en todo el planeta, según el Servicio Nacional de Meteorología, la NOAA y la NASA. Y además, se registraron alzas históricas en el nivel del mar entre septiembre y octubre, según el oceanógrafo físico Aurelio Mercado.

Ese mismo año, la AAA implantó un plan de racionamiento. En el borrador del Plan Integral de Recursos de Agua que va a vistas públicas esta semana, se advierte que el calentamiento global pondrá una presión enorme sobre los recursos hidrográficos en Puerto Rico, entre los cuales, además de la intrusión salina en los acuíferos, figuran la reducción de la humedad relativa de los suelos y el aumento de la evaporación en lagos y ríos.

Por media década, sobre 150 investigadores de organismos públicos y privados han estudiado los efectos del cambio climático en Puerto Rico, en el Consejo para el Cambio Climático (PRCC, por sus siglas en inglés, pr-ccc.org). Ha sido un trabajo arduo y voluntario que comprueba lo que los instrumentos nos dicen hace años.

Esta semana, la Organización Mundial de Meteorología y, por separado, el Dr. Jim Hansen, primero en alertar sobre el calentamiento global, advirtieron que es posible que estemos entrando en una nueva era, totalmente desconocida, en la que los patrones de cambio climático del pasado poco nos ayudan a predecir los futuros, debido a las alternaciones tan drásticas en el clima global.

Se advierte que estamos en la sexta extinción masiva de especies y desaparición de ecosistemas del planeta, y lo peor de todo, habrá sido provocada por la intervención humana. El biólogo puertorriqueño Rafael Joglar lo advierte hace años. De las 17 especies de coquí que había en Puerto Rico, tres han desaparecido entre 1976 y 1990. Otras tres están por el mismo camino. Poco menos de la mitad de esas especies puede desaparecer en menos de 50 años.

No solamente las especies endémicas están en peligro. Nuestra propia sostenibilidad como isla lo está. Y no solo desde el punto de vista de infraestructura –uno de cada dos boricuas vive cerca de la costa– sino desde nuestro entorno social y económico.

Lo ha advertido el geomorfólogo José Molinelli Freytes, quien ha alertado que el cambio climático en Puerto Rico incide sobre nuestra salud –miremos el fenómeno del virus del zika–, la economía –tendremos huracanes e inundaciones más intensos– y la educación –miremos el estrés ambiental y los efectos en el aprendizaje en los niños–, por citar algunos ejemplos.

El trabajo de investigación sobre el cambio climático, como el que desarrolla la PR-CCC, tiene que continuar y contar con presupuesto adecuado para ello. Sin datos, no podremos alertar,ni formular política pública. Segundo, hay que diseminar la información más relevante obtenida hasta ahora, aquí los medios jugamos un papel vital. Tercero, tenemos el reto de crear y ordenar la política pública en esta dirección. Hay varias maneras de hacerlo. Pero lo importante es que se tenga acceso a los datos que producen los investigadores y se aproveche el acervo de las universidades y entidades profesionales que desarrollan políticas de sostenibilidad. Una Comisión Permanente de Cambio Climático que se reporte al Ejecutivo, puede ser una alternativa.

La evidencia existe, el talento existe. Es hora de dar un golpe de timón. Hay que actuar ya.

luis.ferrerangel@gfrmedia.com

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